
Hay momentos únicos. Que son incapaces que se repitan en otras personas.
¿Por ejemplo? Cuando no vemos en cada encuentro. Siempre es la misma rutina. Siempre es la misma dinámica y lo que es mejor…el mismo sentimiento.
Yo camino. Tú vienes a mi encuentro. A paso lento. Tu mirada está fija. No se mueve. Penetra mi rostro. Lentamente se comienza a esbozar una sonrisa en tu rostro. Quedamos a centímetros. Tu brazo comienza a rodear mi cintura. Tu cuerpo se acerca al mío. Los brazos toman fuerza. Somos uno. Tu boca, mentón y bigotes se posicionan lentamente en mi cuello, y luego en mi regazo en el hombro. Sutilmente en mi oído escucho. Te quiero. Te extrañé. Comienzas a apretarme con más fuerza. Utilizas los dos brazos.
Tu cuerpo tirita. Tu corazón late fuertemente. Yo tomo tu rostro y te beso. Un beso sutil. Con fuerza. Intenso. Largo. Extremo. Con profundidad…Y sólo ahí el temblor de tu cuerpo para. Y se convierte en sonrisa, risa, felicidad, ternura y comienzo a hacer lo que más me gusta…colgarme a ti.
Te amo desde lo más infinito. Llenas mis días, mis horas. Cada momento. Añoro y cuento las horas para estar contigo. Es largo el camino, pero pronto sé que estaremos juntos. El próximo año será distinto.