martes, 31 de mayo de 2011

DECLARACION...


El reloj marca las 06:15 como cada mañana. Un frío envuelve la habitación. Está extraño este amanecer. Algo dice que será distinto.
Como cada día me preparo para las tareas diarias de mamá y de trabajo, pero como nunca no he dejado de pensar en ti. De una manera diferente. Me duele el estómago de sólo decir tu nombre entre los dientes. He hablado con tu hermana por más de 45 minutos. Y algo extraño me sucede.
Me atrevo a llamarte. Y como siempre estás con tu voz lacónica, aquejumbrado, triste, molesto…derrotado. Me dices que te duele más que antes, que tienes miedo, que me quieres a tu lado. Yo desespero. Comienzo a llamar a todo el mundo, te envalentono a que vayas a urgencias, pero te resistes.
Todo el día estoy pendiendo de un hilo. Estoy atemorizada. Me siento culpable sin serlo. Tomo una responsabilidad que va más allá de lo que me corresponde. Hago mío un  tema que no lo es.
No sé que más hacer. He dado todo lo que ha estado a mi alcance. Pero también siento el cansancio y más que el cansancio el dolor, la pena, la frustración, la desdicha de que a pesar de todo, no soy digna de tu amor.
En eso estoy cuando me entero que vas camino a urgencia. Miles de veces planifiqué ese momento. Ese momento que quería fuera tuyo y mío solamente y ahí estaba yo. Atada de manos sin poder hacer nada más que bailar a tu alrededor para mostrarte cuan presente estaba. Entre llamados y direccionamientos y apariciones por el teléfono me mantuve cerca.
Y es que quería estar dentro tuyo. Encima de ti, pero no podía. La vida me lo impedía. El día a día me consumió. Un golpe en la cabeza de mi hijo me frenó.
Es tan difícil explicar todo…

 
Son tantas emociones revueltas. Tantos momentos que están siendo consumidos por la cruel realidad de no sentirse amada. De no sentirse digna de tu amor. De no sentirme a tu altura. A tu sutil y suave altura.
Desde que supe de tu enfermedad he prendido una vela en tu nombre. Cada noche intento ir hacia donde estas para tocar tu vientre y calmar el dolor. Quizás no lo sabes. Llevo años estudiando REIKI, y contigo lo he llevado a cabo. Intento demostrar cuanto te amo a cada instante. Te he pedido una simple foto. Y parece ser el sacrificio más grande de la tierra. En casi 8 meses aún no consigo nada.
La realidad me golpea. Me atolondra. Y me paraliza. Sé que no estás solo, aunque vives repitiendo aquello. Todos te queremos y estamos pendientes de ti. De tu salud, equilibrio y bienestar.
En eso estaba, cuando tu hermano me dice que me quede tranquila que ya estás frente a frente con “tu mariposa”, aquella que te ha dado paz por instantes. Algo de confianza y seguridad. Con quien has tenido conversaciones y confesiones.
Repaso la bitácora de recuerdos y me doy cuenta de lo profundo que estás o estabas o has estado en mi vida. Cuando te conocí yo estaba a días de dar mi respuesta. De tomar una importante decisión. Irme a vivir con alguien. Tener hijos. Armar una familia. Y sorpresivamente. Tibiamente me alejé de aquel deseo porque alguien…es decir…tú me mostraste, aunque fuese a la distancia otro lado de la vida: la delicadeza, la sonrisa, la simpleza, los sueños, los cuentos, el drama, los anhelos; en fin tantas cosas que pensé estaban olvidadas en mi.
Eso me movía en la adolescencia y en la juventud, pero desde que asumí  la maternidad y mi separación creo haber estado más cerca de lo agrio que de lo dulce. Pienso que nunca te había contado esto tan en detalle y quizás ahora, si lo lees podrás entender más a fondo más cosas. Y es que es tanto lo que deseo que seas para mí, y es que es tanto lo que deseo dormir entrelazada a ti cada noche y despertar con tu primer beso cada mañana. Y aún más con tu sonrisa y con cada travesura.
Quizás nunca entenderás por qué te necesité tanto en mi vida y por qué egoístamente deseo que crezcas que avances y es que yo creo que lo que uno desea no llega gratis o de pronto. Sí creo que uno puede trabajar para ello. Construir ese sueño en realidad. Sé lo bueno que eres. Lo inteligente, brillante y seco en todo lo que te propones. Miles de veces hemos conversado sobre que hubiese pasado si te hubiese conocido en el año 1997….no lo sé…no lo sabemos. Sólo sé que he escuchado muchas historias tuyas y sólo me quedo contigo mirándome de frente tomándome las manos. Abrazándome. Besándome.
En eso estaba cuando logro hablar contigo y entre sollozos entiendo que estas en buenas manos. Rodeado de amor y en comisión de servicio he dejado a la bella Marta y al oso  mayor a cargo y en representación mía. Sé que no es lo mismo, pero sé también cuánto amor y entrega hay ahí. No sabes cómo Marta te ama. No sabes cuantas horas Marta desea en sus plegarias que encuentres el camino de la felicidad. Sé que este tiempo les servirá.
Te amé y te amo como nunca en mi vida pensé amar. Lloro de alegría, de pena, de angustia. Cada vez que te pienso lloro. Quisiera que respiraras a través mío. Quisiera que siempre estuviera en ti. Quisiera que siempre hubieses mostrado tu interés en mí, pero sé que no es así ni será así.
Rezo para que todo pase pronto. Para que el dolor se vaya. Para que nada más te pase. Para que pronto escribas y te liberes de todos estos meses de carga, pesadez, dolor, angustia, malestar, rabia y comiences a respirar más tranquilo. Para que comiences a conocerte sin dolor. Sin molestia. Que recuperes fuerzas. Que recuperes el ánimo. El buen humor y la energía característica tuya. Que puedas pasarlo bien en definitiva como sólo tú sabes que quieres.
Por mi parte, creo que la tarea está hecha. He podido ayudarte a contenerte cuando lo has necesitado y tu a mí de vuelta cuando yo lo necesité.  Siento que he podido dejar un humilde recuerdo  en las vidas de tu maravillosa familia. Son extraordinarios. Bellas personas. Llenas de amor, ternura e inocencia. Sacrificio, tesón y por sobre todo amor. Creo y siento también que haberme conocido de alguna manera te ha servido para mirar la vida desde otra arista. Como papá, trabajador y hombre.
Siento que ya ha llegado el momento del adiós. Del desapego de la piel. Ese que va con los sentimientos. Ese que duele y que cala hondo en mi corazón y que aunque me quiebre y sí me sienta sola, porque a diferencia tuya mi familia no es como la tuya y mi entorno no se asemeja al tuyo es necesario para poder seguir viviendo. Creciendo. La conversación siempre va a ser necesaria y ojalá podamos hacerlo. Seriamente. Porque nunca lo  logramos porque intentamos disfrutar en vez de hablar. Y es que somos iguales en ese aspecto. Yo hago cosas por ti que no te las digo y tu por mí que no las dices y en ese proceso tú sientes seguramente que no te entiendo y yo por mi parte lo mismo y posiblemente nunca lleguemos a acuerdo, pero por mi parte estoy tranquila de lo que yo siento que te di y como te lo di.
Seguramente más de alguna decisión que tome de aquí en adelante no sea la más acertada, la más correcta ni la que me haga más feliz, pero sin duda, será alguna que me marque un camino. No quiero seguir perdida. No puedo seguir sin ti, pero tampoco te tengo. Entonces debo hacerme un rumbo y apegarme a ello.
Tengo claro que hablaremos y que seguiremos en contacto y con más de alguna recaída. Pero ya no será lo mismo porque mi cansancio me tiene tan enferma y tan sin aliento que me acostumbré a sentir que no soy querida por ti como yo quisiera y si me pongo soberbia como creo que me merezco.
Hago un alto y te llamo mientras lloro y tú estás solo en la cama de la Clínica. Marta ha ido al doctor. Y te pregunto como estas. Entiendo tus ansias de verme y lo único que te importa es saber dónde estoy. Te confieso que aún sin partir rumbo a ti porque el auto ha tenido un problema y lo de mi hijo en la cabeza está complicado por la operación y todo lo que tuvo antes…y ese es mi error…llamar para encontrar una palabra de aliento, de amor de pareja, de unión y la realidad me golpea. Me dices estar bajado de ánimo porque querías verme, me dices que ahora es bueno que pase por lo de mi hijo para que te entienda cuándo no has podido hacer algo por ser papá ante todo…y es que no puedo creer lo que escucho. Es imposible comparar. A mi hijo en más de una ocasión lo he dejado en manos de otros por estar contigo. Quien más que yo quisiera estar a tu lado. He soñado esto a tu lado. A tu hija solamente no pudiste dejarla sola una noche por estar conmigo, porque según tú podía asustarse si no  estabas. Hablamos de una adolescente que te puede tener a cuadras de donde vive. Ese no es el punto. El punto creo yo es el egoísmo de mirarse siempre el ombligo y no ponerse en los zapatos del otro.

Como bien dijiste una vez. No puedo hacer más. Mis fuerzas, mi desgaste me consumió. Mis prioridades cambiaron sin que yo quisiera. Pero el desamor me llevó a esto la desatención me inclinó hacia un lado que yo no quería. Quisiera no sentir esto. Quisiera no tener que pasar por esto, pero siento que es necesario para poder expresarte como veo yo las cosas. Desde que arista.
Quería decir más. Mis  manos iban más rápido que mi mente. Creo que por primera vez me di el tiempo de colocar todo en orden, pero se me congela el pensamiento. Tu respuesta a mi llamado me ha dejado ahí. Sin aliento. Sin movimiento. Como más de una vez lo has hecho sin saber.
En eso estoy cuando coloco al azar una canción de Alejandro Sanz, cantante por lo demás que no me gusta mucho, pero hoy me enseñaste que a ti te encanta y suena de fondo “Como te echo de menos”.
 

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